El mundo canino está lleno de mitos, algunos son totalmente inofensivos, pero otros pueden llegar a ser perjudiciales para nuestro perro. En este artículo separamos lo que es tradición popular de lo que respalda la ciencia veterinaria.

Un año de perro equivale a siete años humanos

La creencia

Esta es probablemente la regla más repetida sobre perros, usada para «traducir» su edad a años humanos de forma sencilla.

La realidad

El envejecimiento canino no es lineal ni igual para todas las razas. Un perro de raza pequeña puede alcanzar la madurez sexual al año, mientras que uno de raza grande envejece de forma diferente y suele tener una esperanza de vida menor. Los veterinarios usan tablas específicas por tamaño y raza, no una multiplicación simple por siete.

 

La nariz seca o caliente significa que el perro está enfermo

La creencia

Se cree que una nariz húmeda y fría es señal de buena salud, y que si está seca o caliente, algo anda mal.

La realidad

La temperatura y humedad de la nariz varían según el clima, si el perro acaba de despertar, o si estuvo al sol. No es un indicador confiable de enfermedad por sí solo. Los signos reales de alerta son letargo, falta de apetito, vómitos o cambios de comportamiento.

Los perros ven en blanco y negro

La creencia

Una idea muy extendida es que el mundo canino se percibe completamente en escala de grises.

La realidad

Los perros sí ven colores, aunque de forma distinta a los humanos. Tienen una visión dicromática: distinguen bien los tonos azules y amarillos, pero les cuesta diferenciar el rojo y el verde, similar a una persona con daltonismo.

 

Mover la cola siempre significa que el perro está feliz

La creencia

Se asume que cualquier movimiento de cola es sinónimo de alegría o buena disposición.

La realidad

El lenguaje de la cola es mucho más complejo: la velocidad, altura y dirección del movimiento comunican distintos estados emocionales, incluyendo ansiedad, alerta o incluso agresividad. Una cola rígida moviéndose rápido en posición alta puede ser señal de tensión, no de felicidad.

 

«Entender el lenguaje corporal real de tu perro es uno de los pasos más importantes para anticipar sus necesidades y prevenir conflictos antes de que ocurran.»